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Neville redactó el guión El crimen de la calle de Fuencarral antes del estallido de la Guerra civil. Durante el conflicto éste se perdió.  El 16 de julio de 1940 el guión literario con título El Crimen entró en la Dirección general de Propaganda (Ministerio de la Gobernación, Subsecretaría de Prensa y Propaganda) con el número de expediente 0.213. La resolución de la Censura reza “prohibida su realización” (AGA, 36, 4680). Neville lo intentaría un año más tarde, el día 29 de noviembre de 1941, con El suceso de la calle de Bordadores. La censura, ahora dependiendo de la Vicesecretaría de Educación popular de F.E.T de las JONS[1] y con Juan Beneyto Pérez como jefe de censura, autorizó su realización “con tachaduras en las páginas 70 y 81” (AGA, 36, 4552; Exp. Nº 577)

Sin embargo, Edgar Neville reharía el guión con el nuevo título El crimen de la calle de Bordadores, que presentó el 13 de octubre de 1945. Ese mismo día Censura calificaría de “aceptable la película proyectada”, no sin antes atender a una advertencia escrita a bolígrafo en el dorso del informe del Departamento de Cinematografía:

 

“Ver expedientes nº213-1940 y 577-41 (Es la misma película con los títulos El crimen y El suceso de la calle de Bordadores)” (AGA, 36, 4552; GUIÓN Nº107 de la Biblioteca)

Neville tuvo que enfrentarse a la censura en tres ocasiones para sacar adelante el proyecto de un solo film. De poco parece que le sirvieron los contactos creados durante su trabajo en el Departamento Nacional de Prensa y Propaganda desde 1938 bajo la dirección de Dionisio Ridruejo tras la incorporación de Serrano Súñer al primer gobierno del general Franco (Ríos Carratalá, 2007; 200). O al menos hasta que su amigo Dionisio Ridruejo fuera cesado por decreto de 1 de mayo de 1941[2].

No he podido determinar a qué contenido se debe esa censura íntegra del guión de El crimen y a qué contenido aluden “las tachaduras en las páginas 70 y 81” de El suceso de la calle de Bordadores debido a la imposibilidad de encontrar ambos guiones. Esta es una vía abierta para futuras investigaciones que cuenten con tiempo para la búsqueda distendida, quizás acudiendo a la familia como sugería el autor Ríos Carratalá, a fondos  personales de Neville que se encuentran en poder de Domingo Plazas, Carlos Neville o Isabel Vigiola. Sin embargo, Carratalá da pistas del camino que tomó la censura en los textos de Neville,

“A menudo, las tachaduras se relacionan con cuestiones morales […] La mujer siempre estaba de por medio y los informantes de sus obras teatrales recelaban, además, de lo que sucediera con las actrices durante las representaciones” (Ríos Carratalá, 2007; 279)

Neville tenía sus propias opiniones con respecto a la censura, que se darían a conocer en décadas posteriores. Nunca compartió la idea de que la victoria supusiera una censura rígida y ridícula, ni siquiera cuando hablaba con conocidos que se dedicaban a estos menesteres (Ríos Carratalá, 2007; 278). Así en el prólogo de su novela Alta fidelidad (1960) opinaba,

“No creo que ni el teatro ni el cine sean una escuela de costumbres sociales. No creo en su ejemplaridad, como dicen los que aducen a esto para tachar todo lo que no les gusta […] Nadie mata a su padre porque lo ha visto en el cine (Pérez Perucha, 1982; 115).

Neville continuaría este frente abierto en páginas de periódicos como ABC con su artículo La maja desvestida (24/11/1966) en el que con humor describe cómo en los últimos años la palabra “desnudarse” estuvo prohibida en los guiones, y sustituida por “desvestirse”, ya que la última “esa palabra tan repipi no ponía en el quince a ninguno de los conservadores de la moral pública y se podía decir.” Para Neville “el castellano que hablaba todo el mundo en la calle y en las casas, no era el mismo que el que hablaban unos señores encargados de corregirlos en la censura” [3]  Sin embargo, Neville no encontró problema para incluir la palabra “desnudarse” en boca de Lola la billetera en el minuto 1:13:06: “comencé a desnudarme”. El artículo de Neville tuvo la respuesta José María García Escudero, director general de Cinematografía y Teatro, en otro artículo titulado La pobre censura en el que aclaraba que “de la presente (censura), puedo garantizar que tiene el suficiente sentido común para que no le importen tanto las palabras como lo que alrededor de las palabras acontece”[4]

Esto último pasaría en años venideros al que nos interesa: 1946. Ahora es tiempo de profundizar en los contenidos de la película: qué no se dice, silencia y qué integra Neville sutilmente.


[1] BOE de 22-5-1941. LEY DE 20 DE MAYO DE 1941 por la que se transfieren los Servicios de Prensa y Propaganda a la Vicesecretaría de Educación de F.E.T. y de las J.O.N.S.

[2] MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN. BOE de 18-5-1941. DECRETO de 1 de mayo de 1941 por el que cesa en el cargo de Director general de Propaganda en el Ministerio de la Gobernación don Dionisio Ridruejo Jiménez.

[3] ABC Madrid 24/11/1966, Página 3. Edgar Neville, La maja desvestida.

[4] ABC Madrid 29/11/1966 Página 3. José María García Escudero, La pobre censura.

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